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Defensa penal: qué hacer ante una imputación

  • Foto del escritor: marcelo merino aravena
    marcelo merino aravena
  • hace 6 horas
  • 6 min de lectura

Una imputación penal puede cambiarlo todo en horas: una detención, una citación de Fiscalía, una medida cautelar o una denuncia que ya afecta a la familia, el trabajo y la reputación. La defensa penal no comienza en el juicio oral. Comienza cuando se conoce la existencia de una investigación y se toman decisiones que pueden proteger -o comprometer- la libertad de una persona.

El Estado cuenta con facultades de investigación, policías especializadas, fiscales y medios técnicos. Frente a ese poder punitivo, la defensa debe actuar con rapidez, pero nunca con improvisación. Cada declaración, pericia, incautación, reconocimiento o conversación con la autoridad debe ser examinada desde una estrategia seria, fundada en el derecho, la prueba y el rigor científico.

La defensa penal protege más que un expediente

En una causa penal no solo está en juego una sentencia. También pueden verse afectados el vínculo con hijos o familiares, la posibilidad de trabajar, el patrimonio, la licencia de conducir, la vida privada y la dignidad de quien es investigado. En delitos de alta connotación, además, la exposición pública puede instalar una condena social antes de que exista una resolución judicial.

Por eso, una defensa técnicamente correcta debe proteger los derechos fundamentales desde el primer momento. El investigado tiene derecho a conocer los hechos que se le atribuyen, a guardar silencio, a contar con un abogado, a que la prueba sea obtenida legalmente y a ser tratado como inocente mientras no exista una condena firme.

Esto no significa desconocer la gravedad de una denuncia ni minimizar el sufrimiento que puede existir en una causa. Significa exigir que la verdad procesal se construya sobre prueba válida, suficiente y discutida en un procedimiento justo. Nadie debe ser condenado por presiones, prejuicios, inferencias débiles o evidencia que no resiste un análisis técnico.

Qué hacer desde la primera citación, detención o denuncia

El error más costoso suele ocurrir antes de la primera audiencia. Muchas personas creen que basta con “explicar su versión” ante Carabineros, la PDI o Fiscalía. Sin asesoría, esa decisión puede generar contradicciones, entregar antecedentes innecesarios o cerrar alternativas de defensa que después son difíciles de recuperar.

Ante una citación policial o del Ministerio Público, lo razonable es obtener asesoría penal antes de declarar. La defensa debe conocer qué delito se investiga, cuál es el grado de participación atribuido, qué diligencias se han realizado y qué antecedentes concretos sostienen la imputación.

Si existe una detención, la urgencia aumenta. Debe revisarse la legalidad del procedimiento, la forma en que se practicó el control de identidad, la detención, el registro, la incautación o la toma de declaraciones. Una vulneración de garantías no es un detalle formal: puede incidir directamente en la exclusión de prueba y en el resultado de la causa.

Tampoco conviene contactar a denunciantes, testigos o personas relacionadas con los hechos para “aclarar” la situación. Dependiendo del contexto, ese contacto puede ser interpretado como presión, amedrentamiento o incumplimiento de una medida cautelar. La comunicación y la obtención de antecedentes deben canalizarse mediante una defensa estratégica y respetuosa del proceso.

Una estrategia de defensa penal se construye con evidencia

La defensa eficaz no consiste en negar por negar. Consiste en identificar qué puede probar la Fiscalía, cómo obtuvo esa información, qué hipótesis alternativas existen y cuáles son las debilidades de la evidencia. En causas complejas, la diferencia está en la capacidad de leer el expediente con precisión y salir a investigar cuando sea necesario.

Esto exige revisar declaraciones, registros de llamadas, cámaras, geolocalización, informes policiales, peritajes médicos, psicológicos, contables o informáticos. También puede requerir reconstruir cronologías, ubicar testigos, contrastar versiones y solicitar pericias independientes.

La ciencia no admite atajos

En delitos sexuales, homicidios, delitos violentos y causas de drogas, los informes periciales suelen tener un peso decisivo. Pero un informe no es una verdad indiscutible solo porque provenga de una institución. Debe analizarse su metodología, sus conclusiones, los antecedentes utilizados y el margen real de certeza que ofrece.

Un peritaje psicológico no reemplaza la prueba de los hechos. Un informe médico debe ser compatible con la hipótesis que se pretende sostener. Una evidencia digital requiere trazabilidad, integridad y una correcta cadena de custodia. En una causa por Ley 20.000, también es indispensable examinar el origen de la diligencia policial, la legalidad de la entrada y registro, el pesaje, la custodia de la sustancia y el vínculo efectivo de la persona con el hallazgo.

La litigación estratégica exige llevar estas discusiones a la audiencia adecuada. A veces será necesario cuestionar una cautelar; en otros casos, pedir diligencias, discutir una prueba anticipada, preparar un juicio oral o impugnar una sentencia mediante un recurso de nulidad. No hay una fórmula única: la estrategia depende de los hechos, la evidencia disponible y la etapa procesal.

Las medidas cautelares requieren una respuesta inmediata

La prisión preventiva es una de las decisiones más graves que puede enfrentar una persona imputada. No es una pena anticipada y no puede justificarse solo por la gravedad abstracta del delito. Debe fundarse en antecedentes concretos que permitan sostener los requisitos legales exigidos por el tribunal.

También pueden imponerse arresto domiciliario, firma periódica, prohibición de acercarse a determinadas personas, arraigo nacional o suspensión de licencia, entre otras medidas. Aunque parezcan menos severas, pueden afectar profundamente la vida familiar y laboral. Una defensa atenta debe discutir su necesidad, proporcionalidad y duración, además de solicitar su modificación cuando las circunstancias cambian.

El paso del tiempo no vuelve razonable una cautelar por sí solo. Si la investigación avanza, si desaparecen los riesgos invocados o si existen nuevos antecedentes, corresponde evaluar una revisión. La libertad se defiende en cada audiencia, no únicamente al final del proceso.

Defensa técnica en delitos de alta complejidad

Las causas penales complejas requieren experiencia real en tribunales y capacidad para trabajar con distintas disciplinas. No se litiga igual una acusación por abuso sexual que una investigación por homicidio, lavado de activos, tráfico de drogas, conducción en estado de ebriedad o delito económico.

En delitos sexuales, la defensa debe examinar con especial cuidado la consistencia de los relatos, las cronologías, los antecedentes periféricos de corroboración, la evidencia digital y el alcance de las pericias. Estas causas exigen máxima seriedad: ni la sensibilidad del tema permite rebajar el estándar probatorio, ni una acusación puede tratarse con ligereza.

En homicidios y delitos violentos, la escena, la trayectoria de lesiones, la mecánica de los hechos, los registros audiovisuales y las comunicaciones previas pueden modificar por completo la hipótesis del caso. En delitos económicos, el análisis suele centrarse en documentos, flujos financieros, facultades societarias, trazabilidad contable y la intención atribuida al imputado.

La defensa debe ser capaz de traducir información técnica en argumentos jurídicos claros para el tribunal. Esa es la diferencia entre acumular documentos y construir una teoría del caso consistente.

El juicio oral no es una formalidad

Cuando una causa llega a juicio oral, el debate se concentra en la prueba rendida ante los jueces. Lo que no se acredita de manera legal y convincente no puede reemplazarse con especulación. La defensa debe preparar interrogatorios, contrainterrogatorios, objeciones, alegatos y el examen crítico de cada perito presentado por la Fiscalía.

Marcelo Meriño Aravena ha desarrollado su ejercicio profesional en defensa penal compleja, litigación estratégica y análisis técnico de la prueba. Esa combinación entre formación académica, experiencia de audiencias y trabajo interdisciplinario resulta especialmente relevante cuando la causa depende de evidencia científica o enfrenta una alta exposición pública.

Una buena defensa no promete resultados imposibles ni ofrece atajos. Promete trabajo serio, comunicación clara y una intervención firme frente a toda actuación que afecte injustificadamente los derechos del defendido.

Cuando ya existe una sentencia, aún puede haber opciones

Una condena no siempre cierra el análisis jurídico. Si durante el juicio se infringieron garantías, se admitió prueba obtenida ilegalmente, se aplicó erróneamente la ley o la sentencia presenta defectos relevantes de fundamentación, puede corresponder un recurso de nulidad.

Este recurso no es una segunda oportunidad para repetir todo el juicio. Tiene causales específicas y plazos estrictos. Por eso, la revisión debe hacerse con rapidez y precisión, identificando qué ocurrió, por qué afecta la validez de la sentencia y cuál es la forma correcta de plantearlo ante el tribunal competente.

Esperar puede limitar alternativas. Si una persona enfrenta una investigación, una detención, una formalización, una medida cautelar o una sentencia, necesita entender su situación sin juicios apresurados y con información clara. Pedir una consulta confidencial es una decisión de protección: permite ordenar los hechos, conocer los riesgos reales y definir el próximo paso con una defensa que esté a la altura de lo que está en juego.

 
 
 

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