Cuando el examen físico no encuentra lesiones: los límites del diagnóstico médico-legal en el abuso sexual infantil.
- marcelo merino aravena

- 12 jun
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Marcelo Meriño Aravena.
Durante décadas, tanto en la opinión pública como en algunos operadores del sistema de justicia, ha persistido una idea errónea: si no existen lesiones genitales o anales, entonces el abuso sexual probablemente no ocurrió.
Desde la perspectiva de la medicina legal moderna, esta afirmación carece de sustento científico.
La investigación médico-forense contemporánea ha demostrado que la mayoría de los casos de abuso sexual infantil no presentan lesiones físicas específicas al momento de la evaluación. Esta realidad constituye uno de los mayores desafíos diagnósticos para médicos legistas, pediatras, fiscales, jueces y abogados, pues obliga a abandonar modelos simplistas basados exclusivamente en la búsqueda de evidencia traumática visible.
El error histórico de comparar a los niños con los adultos y los límites del diagnóstico médico-legal en el abuso sexual infantil.
Gran parte de los errores periciales observados en investigaciones por delitos sexuales tienen su origen en la aplicación mecánica de criterios desarrollados para víctimas adultas.
En las agresiones sexuales contra adultos es relativamente frecuente encontrar lesiones genitales, anales o extragenitales, especialmente cuando existe violencia física significativa. Sin embargo, el patrón epidemiológico del abuso sexual infantil es completamente diferente.
La mayoría de los abusos contra niños ocurre en contextos intrafamiliares o por personas cercanas. Además, en un elevado porcentaje de casos no existe una penetración vaginal o anal completa. Como consecuencia, los hallazgos físicos que suelen esperarse en una agresión sexual de adultos simplemente no aparecen en la mayoría de las víctimas infantiles.
Esta diferencia es tan importante que numerosos autores consideran metodológicamente incorrecto extrapolar criterios diagnósticos de adultos al ámbito pediátrico.

El examen físico negativo: un hallazgo frecuente, no excepcional.
Uno de los aspectos más relevantes para comprender la evaluación médico-legal del abuso sexual infantil es que un examen físico normal constituye un resultado frecuente.
Esto ocurre por varias razones:
En primer lugar, muchas conductas abusivas no generan lesiones traumáticas significativas.
En segundo lugar, los tejidos genitales poseen una notable capacidad de cicatrización.
Finalmente, la mayoría de las evaluaciones médico-legales se realizan días, semanas o incluso meses después de los hechos denunciados.
Por ello, el hallazgo de genitales anatómicamente normales no permite establecer que una agresión sexual no haya ocurrido.
Desde un punto de vista científico, la ausencia de evidencia física no equivale a evidencia de ausencia.

El himen: probablemente la estructura anatómica más malinterpretada en los tribunales.
Pocas estructuras anatómicas han sido objeto de tantos mitos como el himen.
Tradicionalmente se asumió que el examen himeneal permitía confirmar o descartar experiencias sexuales previas. Actualmente sabemos que esa premisa es incorrecta.
La literatura médico-legal demuestra que existen importantes variaciones anatómicas normales del himen y que muchas características consideradas históricamente "sospechosas" carecen de valor diagnóstico.
Asimismo, el tamaño del orificio himeneal no constituye un indicador confiable de penetración sexual. Su diámetro puede variar según la posición de examen, la relajación muscular y la técnica utilizada por el examinador.
Lo anterior explica por qué los consensos internacionales actuales recomiendan extrema prudencia al interpretar hallazgos himeneales.

No toda lesión genital es producto de una agresión sexual.
La situación inversa también genera problemas periciales.
La presencia de una lesión genital no implica automáticamente que haya existido abuso sexual.
En la práctica clínica pediátrica son frecuentes los traumatismos accidentales de la región genital, especialmente durante actividades recreativas o accidentes domésticos.
Asimismo, procesos inflamatorios, infecciosos o irritativos pueden producir alteraciones anatómicas que, si son interpretadas fuera de contexto, pueden conducir a conclusiones erróneas.
Desde la perspectiva forense, el desafío consiste precisamente en diferenciar lesiones compatibles con mecanismos traumáticos sexuales de aquellas originadas por procesos médicos o accidentes comunes.

Las infecciones de transmisión sexual: uno de los pocos hallazgos altamente específicos.
Dentro del examen médico-legal existen pocos hallazgos que realmente posean una elevada especificidad diagnóstica. Las infecciones de transmisión sexual constituyen uno de ellos.
Sin embargo, incluso en este ámbito es necesario actuar con cautela. Algunas infecciones, como la sífilis, la gonorrea o la infección por Chlamydia trachomatis, adquieren una enorme relevancia pericial cuando se diagnostican en niños una vez descartada la transmisión vertical.
Otras infecciones poseen vías alternativas de transmisión y requieren una investigación individualizada antes de extraer conclusiones médico-legales.

La medicina legal trabaja con probabilidades, no con certezas absolutas.
Quizás la enseñanza más importante que deja la literatura científica es que el abuso sexual infantil rara vez puede diagnosticarse a partir de un único hallazgo anatómico.
La medicina legal moderna no busca signos mágicos ni lesiones patognomónicas universales.
Por el contrario, trabaja integrando antecedentes clínicos, hallazgos físicos, conocimientos anatómicos, mecanismos de lesión y evidencia científica disponible.
Por esta razón, los expertos coinciden en que el diagnóstico médico-legal del abuso sexual infantil constituye uno de los desafíos más complejos de toda la práctica forense.
Reflexión final.
Uno de los mayores errores que pueden cometerse en una investigación por delitos sexuales consiste en reducir la discusión a una pregunta aparentemente simple: "¿Había o no había lesiones?"
La evidencia científica demuestra que esa pregunta, por sí sola, es insuficiente, los límites del diagnóstico médico-legal en el abuso sexual infantil dependen exclusivamente de la expertis del Medico Legista y su trabajo serio, cientifico y profesional.
Las lesiones pueden existir sin que haya abuso sexual. El abuso sexual puede existir sin dejar lesiones objetivables. Y precisamente por ello la medicina legal exige análisis rigurosos, prudentes y técnicamente fundamentados, alejados tanto del prejuicio como de las simplificaciones que históricamente han afectado este tipo de investigaciones.



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